


Algunas historias necesitan escribirse también sobre el rostro.
El maquillaje amplía el lenguaje de cada producción y convierte el cuerpo en una superficie donde las ideas continúan desarrollándose.
No busca caracterizar personajes.
Busca construir atmósferas.
Las propuestas desarrolladas junto con Robin dialogan con referentes profundamente presentes en la cultura mexicana —como el Día de Muertos, la lucha libre y el arte popular— para transformarlos mediante pintura fluorescente, luz negra y recursos contemporáneos.
Cada intervención modifica la percepción del escenario.
MAQUILLAJE


En Fandango Neón, los intérpretes aparecieron como calaveras fluorescentes que respondían a la luz ultravioleta, transformando el espacio en una celebración situada entre la tradición y la imaginación.
En Broche de Cobre, los rostros retomaron el universo visual de la lucha libre para convertirlo en un lenguaje escénico lleno de color y movimiento.
Durante Recuérdame Bonito, el maquillaje evocó figuras suspendidas entre la memoria y el presente, recordando que incluso las imágenes pueden dialogar con aquello que permanece ausente.
Cada producción encuentra el rostro que necesita.



